
La madrugada del 22 de enero de 1932, José Feliciano Ama, oriundo de Izalco, junto a miles de indígenas y campesinos del occidente y de la zona paracentral de El Salvador se insurreccionaron contra la dictadura de Maximiliano Hernández Martínez.
Asesorados, en principio, por el Partido Comunista Salvadoreño, con Farabundo Martí a la cabeza, e inspirados por la Revolución Mexicana, los hombres de Feliciano Ama, dijeron basta a siglos de explotación, al rebelarse contra gobierno y terratenientes. Los sublevados, armados apenas con machetes y garrotes, se tomaron los principales cuarteles de la Guardia Nacional y Policía, ubicados en Izalco, Juayúa, Nahuizalco y Sonsonate.
La justa rebelión de los “siervos de la gleba”, obedecía a la estrepitosa decadencia de las condiciones de vida que el crahs financiero del 29 yankee había originado, dejando los precios del Algodón y el Café por los suelos ; a las elecciones que meses antes los progresistas habían ganado y les había sido arrebatada; y a la negativa del sátrapa, Maximiliano Hernández Martínez, de devolver las tierras ejidales, que varios años antes junto a la oligarquía se había apropiado.
Como dice nuestro poeta Roque Dalton, los indígenas campesinos habían derrotado al ejército gubernamental y conquistado el poder, pero nunca se dieron cuenta. A los pocos días la insurrección fracasó y sus líderes capturados para posteriormente ser ejecutados. Ama, antes de su ejecución, primero fue linchado y luego ahorcado en la plaza central del pueblo que lo vio nacer; ah, eso si, no sin antes ser obligado a confesar su pecado ante un sacerdote.
En represalia, y luego de ejecutar a los “descalzos terroristas” (titulo vilipendioso usado por la oligarquía, y la prensa burguesa) el presidente salvadoreño dio la orden militar de desaparecer a todo sospechoso. Los requisitos de mayor peso para ser ejecutados eran: ser indígena o descendiente; portar machete; hablar náhuatl; ser mayor de 16 años (o parecerlo); y ser residente de la zona occidental y parte de la paracentral del país. Con dos de estos requisitos bastaba para ser llevado al patíbulo.
Las cifras de los masacrados fueron más 30,000, pero los medios de comunicación, aliados de la oligarquía aseguraron que la cifra de “muertos en combate” no superaba los mil. La insurrección campesina del 32`, aunque muchos la miren desde distintas ópticas políticas y desliguen a Farabundo y el resto de comunistas de la sublevación, la historia misma y sus sobrevivientes dicen lo contrario.
Los descendientes responsables del etnocidio, hoy afincados en los Partidos de Derecha (ARENA, GANA, PCN, PP y PCN) continúan el expolio del país, sin la menor resistencia del pueblo. Las recientes encuestas, dicen que la Derecha volverá al poder.
Desde esa triste fecha, mi raza perdió en un gran porcentaje su identidad cultural y, quizá, genética. Desde la insurrección, nuestra sobreviviente población indígena del occidente abandonó casi todas sus costumbres por miedo a ser acusada de participar en el levantamiento; La lengua Nahua-pipil, desde esa fecha se condenó a desaparecer.
80 años han pasado, sin que ningún gobierno haya pedido perdón. Lejos de hacerlo, el Partido ARENA, para terminar de mancillar nuestro Atavismo Indígena, inicia su campaña proselitista en la ciudad de Izalco, epicentro del intento emancipador.
Datos: (Para 1932 un animal de balanza su coste era de más valor que un trabajador indígena, porque la demanda era alta y su valor comercial dejaba mejores dividendos.) Fuente: Acumulación Originaria y Desarrollo del Capitalismo en El Salvador. (Rafael Menjivar)
Roque Dalton a Martínez: Dicen que fue un buen Presidente/ porque repartió casas baratas/ entre los salvadoreños que quedaron…
Asesorados, en principio, por el Partido Comunista Salvadoreño, con Farabundo Martí a la cabeza, e inspirados por la Revolución Mexicana, los hombres de Feliciano Ama, dijeron basta a siglos de explotación, al rebelarse contra gobierno y terratenientes. Los sublevados, armados apenas con machetes y garrotes, se tomaron los principales cuarteles de la Guardia Nacional y Policía, ubicados en Izalco, Juayúa, Nahuizalco y Sonsonate.
La justa rebelión de los “siervos de la gleba”, obedecía a la estrepitosa decadencia de las condiciones de vida que el crahs financiero del 29 yankee había originado, dejando los precios del Algodón y el Café por los suelos ; a las elecciones que meses antes los progresistas habían ganado y les había sido arrebatada; y a la negativa del sátrapa, Maximiliano Hernández Martínez, de devolver las tierras ejidales, que varios años antes junto a la oligarquía se había apropiado.
Como dice nuestro poeta Roque Dalton, los indígenas campesinos habían derrotado al ejército gubernamental y conquistado el poder, pero nunca se dieron cuenta. A los pocos días la insurrección fracasó y sus líderes capturados para posteriormente ser ejecutados. Ama, antes de su ejecución, primero fue linchado y luego ahorcado en la plaza central del pueblo que lo vio nacer; ah, eso si, no sin antes ser obligado a confesar su pecado ante un sacerdote.
En represalia, y luego de ejecutar a los “descalzos terroristas” (titulo vilipendioso usado por la oligarquía, y la prensa burguesa) el presidente salvadoreño dio la orden militar de desaparecer a todo sospechoso. Los requisitos de mayor peso para ser ejecutados eran: ser indígena o descendiente; portar machete; hablar náhuatl; ser mayor de 16 años (o parecerlo); y ser residente de la zona occidental y parte de la paracentral del país. Con dos de estos requisitos bastaba para ser llevado al patíbulo.
Las cifras de los masacrados fueron más 30,000, pero los medios de comunicación, aliados de la oligarquía aseguraron que la cifra de “muertos en combate” no superaba los mil. La insurrección campesina del 32`, aunque muchos la miren desde distintas ópticas políticas y desliguen a Farabundo y el resto de comunistas de la sublevación, la historia misma y sus sobrevivientes dicen lo contrario.
Los descendientes responsables del etnocidio, hoy afincados en los Partidos de Derecha (ARENA, GANA, PCN, PP y PCN) continúan el expolio del país, sin la menor resistencia del pueblo. Las recientes encuestas, dicen que la Derecha volverá al poder.
Desde esa triste fecha, mi raza perdió en un gran porcentaje su identidad cultural y, quizá, genética. Desde la insurrección, nuestra sobreviviente población indígena del occidente abandonó casi todas sus costumbres por miedo a ser acusada de participar en el levantamiento; La lengua Nahua-pipil, desde esa fecha se condenó a desaparecer.
80 años han pasado, sin que ningún gobierno haya pedido perdón. Lejos de hacerlo, el Partido ARENA, para terminar de mancillar nuestro Atavismo Indígena, inicia su campaña proselitista en la ciudad de Izalco, epicentro del intento emancipador.
Datos: (Para 1932 un animal de balanza su coste era de más valor que un trabajador indígena, porque la demanda era alta y su valor comercial dejaba mejores dividendos.) Fuente: Acumulación Originaria y Desarrollo del Capitalismo en El Salvador. (Rafael Menjivar)
Roque Dalton a Martínez: Dicen que fue un buen Presidente/ porque repartió casas baratas/ entre los salvadoreños que quedaron…
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