miércoles 8 de julio de 2009

EL COMITÉ OSCAR ROMERO DE ZARAGOZA, MANIFIESTA:



RESISTENCIA EN HONDURAS



Resulta vergonzoso lo que actualmente está ocurriendo con el pueblo Hondureño, es una muestra más de la destrucción sistemática del Estado de derecho y de la política. Este grave atentado a la democracia, obedece a la lógica de las fuerzas del poder económico que quiere seguir aprovechando el fenómeno de la globalización para desarmar el poder del Estado y ponerlo al servicio de sus intereses.

No cabe duda que este golpe de estado surge como respuesta a la aplicación del nuevo modelo social que empieza cobrar “forma” en América Latina. Son en cierta manera los “pataleos” que el sistema dominante lanza como un berrinche, ya que no se resigna a aceptar el declive de su hegemonía, que al parecer de todo el pueblo está llegando a su fin. Sin embargo llama mucho la atención ver como el sistema hegemónico que ha impuesto sus nefasta políticas neoliberales durante mucho tiempo en Latinoamérica, se sirve de diferentes medios (todos falsos y maquiavélicos) para intentar justificar su legitimidad, hay que recordar también que todos estos medios fueron fácilmente manipulados en etapas anteriores de nuestra historia, lo que supuso una violación sistemática de la voluntad de los pueblos ya que ellos eligen democráticamente a sus representantes.

En medio de toda esta desazón, pienso que estamos ante el principio de una etapa esperanzadora para nuestros pueblos y regiones, empezamos a visualizar con claridad suficiente los signos de agotamiento del viejo sistema capitalista caduco. Vientos frescos y nuevos empiezan a soplar en todo el continente latinoamericano, la etapa del cambio ha llegado, las nuevas formas de entender la política y la democracia parece que han tenido su plena acogida y se ha insertado en el corazón de nuestros pueblos (al menos eso parece). Estamos asistiendo a un hecho inédito en la democracia de nuestro continente, una democracia en la que vemos que los movimientos sociales y populares han cobrado fuerza, estamos cosechando lo que sembraron nuestros profetas y mártires en Latinoamérica, estamos asistiendo al despertar colectivo de la conciencia del pueblo oprimido. Los que no tenían voz son la voz del pueblo en Honduras, es una voz que debe ser atendida y escuchada por todos, principalmente por las grandes organizaciones mundiales, una voz que clama justicia e igualdad en nuestro continente. A estas voces que se levantan unidas en señal de protesta debemos unirnos todos ya que es tarea de todos luchar contra la injusticia, la pobreza, la desigualdad en el mundo entero.

No debemos admitir, ni aceptar lo que está ocurriendo actualmente en Honduras, puede crear un precedente peligroso para todos los gobiernos (de izquierdas) en América latina, dada la actual situación en países hermanos como el Salvador, Guatemala, Ecuador, donde los militares, al servicio de las grandes oligarquías aún conservan mucho poder y por décadas constituyeron regimenes dictatoriales.

Llego el momento de ayudar, apoyar y reforzar la resistencia de los movimientos populares Hondureños, llego el momento de hacer un llamado a la rebelión popular, es hora de hacer frente a las elites sociales tradicionales, que son los herederos de los conquistadores, son los dueños y los amos de las tierras, dueños de los medios de comunicación social y de muchas otras cosas, son ellos los que no quieren que se de una autonomía nacional (quieren seguir dependiendo del sistema hegemónico capitalista) ya que verían mermadas su prebendas y sus beneficios, son ellos los que quieren mantener el nivel de pobreza de injusticia y de subdesarrollo en nuestro continente, son ellos, los que mediante su discurso mentiroso, hacen siempre lo contrario de lo que dicen, con la finalidad de quedar bien de cara a la galería.


Es hora de despertar del sueño aletargado que nos envuelve, que nos hace ser insensibles frente a los problemas de los demás, llego la hora de tender nuestra mano amiga y solidaria a todo el pueblo Hondureño que ha visto mancillada su constitución, la cual será limpiada mediante la restauración inmediata de su presidente elegido democráticamente, respetando su soberanía y la voluntad de quienes lo eligieron para que guíe el destino de su pueblo.



Por: José Baldeón Rosero, teólogo ecuatoriano colaborador del Comité Romero de Zaragoza